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Lentejas que saben a casa: por qué la precariedad impide crear un hogar

La narradora vuelve a preparar lentejas tras el calor del verano y asocia el plato con el reconfortante sabor del hogar. Sin embargo, la inestabilidad de los contratos temporales y las continuas mudanzas por subidas de alquiler dificultan generar ese sentimiento de pertenencia. Compartir piso con varias personas y contar con cocinas mínimas complica invitar a amigos o preparar comidas de domingo. La falta de un espacio propio impide también adquirir utensilios o vajilla con la certeza de que se usarán durante años. El texto concluye reivindicando la necesidad de un barrio donde crear rutinas y un hogar donde las lentejas sigan sabiendo siempre a casa.