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El humo y la ceniza conservan alimentos por toxinas químicas y pH alcalino

El humo conserva alimentos al impregnarlos de toxinas químicas durante la combustión y al deshidratarlos mediante calor o ventilación. La ceniza actúa por su carácter alcalino, que impide el desarrollo microbiano de forma similar a un entorno ácido. En Noruega se usa lejía alcalina para tratar pescado, que luego se lava antes de consumir. En Islandia el tiburón se fermenta en su propia orina alcalina, generando un producto con olor amoníaco que se come tras cubrirlo con grasa para proteger el esófago. Estas técnicas reflejan la adaptación humana a entornos hostiles sin salinas ni vegetación abundante.