Hay que bajar la tolerancia a los gritos y empujones en la adolescencia
El discurso pone el acento en que gritar o insultar no debe considerarse una conducta aceptable en las relaciones cotidianas. Señala que los adolescentes buscan límites como parte natural de su desarrollo personal, pero esa exploración no tiene por qué implicar agresiones. La intervención insiste en la necesidad de bajar la tolerancia social ante cualquier forma de violencia, por leve que parezca, para poder distinguir entre rebeldía y conductas problemáticas. El mensaje subraya que la violencia no forma parte inherente de la etapa adolescente.