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De caminar 14 kilómetros al día a la universidad: la educación como libertad

Un inmigrante que llegó sin saber leer ni escribir describe cómo el acceso gratuito a clases de catalán, castellano y educación básica le permitió completar sus estudios. En su pueblo de origen caminaba catorce kilómetros diarios y solo pudo asistir dos años porque sus padres no podían pagar. Tras seis años en Cataluña aprobó la selectividad y entró en la Facultad de Química de la Diagonal, donde trabajaba cuarenta horas semanales arreglando bicicletas para costear la matrícula que creía gratuita. Sus compañeros no valoraban la oportunidad y él comprendió que la educación representa la verdadera libertad.