Actriz madrileña confiesa su deseo de anonimato pese a amar su profesión
La actriz rememora su niñez en el barrio de La Concepción en los años ochenta, cuando comunicó a sus amigas que había participado en varias películas. El grupo dejó de hablarle durante un tiempo, lo que ella atribuye a envidia o al impacto de la fama. Esa vivencia la impulsó a pedir a su madre que no comentara su trabajo y a ocultar su profesión para sentirse normal. Hoy mantiene la misma sensación: ama su profesión y valora el afecto del público que acude al teatro, pero rechaza el exceso de popularidad y la pérdida de anonimato. Afirma que saldría de las funciones con una careta para evitar ser reconocida en la calle y que la vanidad y la exposición no van con ella.