No vemos las cosas como son, sino como somos: el cerebro transforma cada imagen
No vemos las cosas como son, sino como somos. Esta idea central recorre la explicación sobre cómo funciona la percepción visual en el cerebro humano. Una imagen llega al ojo y viaja por el nervio óptico hasta el tálamo, descrito como la gran puerta receptora. Desde allí, la información pasa por estructuras ligadas a la memoria personal, incorporando todo lo conocido, vivido y no conocido por el observador. Este proceso incluye el contenido emocional, que interpreta la imagen de forma única. Todo ocurre en las profundidades cerebrales, sin llegar aún a la consciencia. Solo cuando alcanza la corteza superficial emerge la percepción consciente, ya personalizada: 'se ha naceado, se ha hecho mía'.