Los guisantes frescos se convierten en el nuevo lujo inaccesible para la mayoría
La narradora confiesa su amor por los guisantes frescos, pero también la incomodidad que le genera consumirlos por el privilegio que representan. Su trabajo relacionado con la alimentación le permite disfrutar de productos que muchas personas con empleos en oficinas, comercios o bancos no pueden permitirse. Recuerda su primer encuentro con guisantes recién extraídos de la vaina durante una visita a cultivos en Tudela. Desde entonces asocia su sabor dulce con la primavera y con un producto que aparece en restaurantes a precios elevados y en mercados donde solo algunas personas mayores los compran. El texto subraya que comer guisantes frescos requiere no solo dinero, sino también tiempo para seleccionarlos, pelarlos y cocinarlos con atención. Esa pausa, afirma, no está al alcance de quienes tienen hijos, plazos laborales urgentes o jornadas agotadoras.